
Ven. Aquí a mi lado.
Ya empezó a nevar.
Suena música, la dejé preparada aquella vez, por si ocurría.
Ya encendí la chimenea, y las velas y el incienso y las ganas. Ya encendí todas las ganas.
Las de buscarte, las de esperarte, las de mirarte, las de llegar a ti. Las ganas de caminarte lentamente, de engullirte, las ganas de envolverte con mis silencios, con mis gritos sordos, mis gemidos. Oigo el fuego, pero las ganas son de tus palabras. Encendí las ganas de perderme en el deseo, las ganas de olvidar que la vida es sólo un instante, un instante de vida y un instante de muerte. Ya encendí las ganas de manos, las ganas de dedos, de caricias, las ganas de brazos, de abrazos, las ganas de bocas, de besos, mis caderas te buscan y ya encendí todas mis ganas de sexo.
Encendí velas, una por cada una de mis ganas, velas para que la luz no ciegue la oscuridad en la que quiero estar, la oscuridad en la que me atrevo a enseñarte lo que soy y mis ganas.
Ahora no te vayas, que aún nieva.